jueves, 3 de agosto de 2017

Elecciones PASO 2017. Recortes periodísticos y videos explicativos

Compartimos algunos enlaces útiles para trabajar las elecciones PASO en clase.


¿Qué se vota?

17 de Abril de 2017


Elecciones 2017: ¿qué se vota y qué pone en juego cada espacio? 


A menos de cinco meses de la primera contienda electoral de Cambiemos como gobierno, El País Digital hace un repaso por los datos más relevantes de las primarias de agosto y las generales de octubre.


Las PASO se instituyeron en el año 2009 dentro de la Reforma Política que contenía la Ley 26.571, conocida como “Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral”. 

Se pusieron en práctica por primera vez en el proceso eleccionario nacional del año 2011 y estipulan principalmente la obligatoriedad para todos los partidos políticos de seleccionar a sus candidatos para cargos electivos mediante elecciones primarias, en todo el territorio nacional, en un solo acto electivo, con voto secreto y obligatorio, inclusive en los casos que se presentase una lista única. 

La ley establece que para presentarse y competir en una elección general las listas de candidatos deberán superar el 1,5% de votos válidos en las PASO en su distrito y en la categoría correspondiente. En el caso de la fórmula presidencial se computará el 1,5% sobre los votos validos emitidos en todo el país. 

Hay que tener en cuenta que a diferencia de las elecciones generales, las PASO contabilizan los resultados en base a los votos válidos, esto es decir, incluidos los votos en blanco. Esta característica particular restringe en cierta medida a los partidos más chicos el acceso a las generales ya que amplía la base de votos necesarios para superar la barrera legal del 1,5%. 



Todas las listas electorales que superen las PASO podrán presentarse el 22 de octubre en las generales. Estas elecciones son menos restrictivas que las primarias ya que para el cómputo de resultados solo se toman en cuenta los votos afirmativos, es decir, no se incluyen a los votos en blanco. Esto genera que los partidos chicos que compitan tengan una mayor posibilidad de acceder a los cargos electivos en juego. 

Una vez escrutados los votos y obtenidos los resultados de la elección, las bancas –o escaños– en la Cámara de Diputados de la Nación, una buena parte de las legislaturas provinciales y de la CABA se asignarán mediante una fórmula proporcional conocida como Formula D'Hondt. 

El método D'Hondt de asignación es proporcional en el sentido que es muy eficaz reflejando los resultados de la voluntad popular al momento de conformar los cuerpos legislativos y se aplicará para la confirmación de la Cámara de Diputados. Sin embargo, hay otros aspectos del sistema electoral argentino que conspiran contra la proporcionalidad y terminan siendo más preponderantes que la fórmula de asignación de escaños. 

Para el cálculo se toman la cantidad de votos que obtiene cada partido y se divide por la cantidad de bancas a asignar. 



Por otro lado, los senadores nacionales se asignan por mayoría simple: el partido con más votos obtiene dos bancas y el segundo partido obtiene la tercera. Al no reflejar eficazmente las proporciones de la voluntad popular, el Senado nacional pone en pie de igualdad a las provincias sin tener en cuenta el tamaño de su población, lo que la transforma en una cámara verdaderamente federal. 

¿Qué se elige en octubre a nivel nacional? 


Tal como se establece en la Constitución Nacional, este año se renovará la mitad de los diputados nacionales y un tercio de los senadores nacionales. Se elegirán en total 127 diputados y 24 senadores en los siguientes distritos: 



Todas las provincias eligen diputados nacionales y en ocho se eligen senadores. Sin embargo, es más relevante políticamente observar las bancas que cada partido político pone en juego en octubre. La renovación dispar de cada una de las cámaras se suma a la distinta duración de los mandatos –en el Senado es de seis años y en Diputados de cuatro–, por lo tanto se ponen en juego bancas provenientes de distintas elecciones. 



El interbloque Cambiemos, formado principalmente por el PRO y la UCR, ponen en juego 41 bancas, casi la mitad de sus diputados, debido a que renuevan los elegidos en octubre de 2013. Respecto de las provincias más importantes, ocho pertenecen a la Ciudad de Buenos Aires, cinco a Santa Fe, cuatro a Buenos Aires y cuatro a Córdoba. 

El PRO como partido solo renueva un tercio de su fuerza legislativa en la cámara baja (14 de 42) por lo que es de esperar que amplíe dicha cantidad tras las elecciones. La situación más delicada es la de la UCR, que pone en juego 22 de sus 36 diputados, casi dos tercios de su bancada. 

Cambiemos también corre con la ventaja de renovar solo 4 bancas en la provincia de Buenos Aires, menos del 10% de sus bancas en juego, lo cual da margen de ampliar su representación legislativa. Las claves para el oficialismo serán lograr mayor autonomía y poder de negociación, la especulación es llegar a alrededor de cien legisladores tras las elecciones y así depender en menor medida de acuerdos legislativos con la oposición. 

Distinta es la situación del Frente para la Victoria y del Frente Renovador. El FpV renueva el 44% de su bancada, proporción similar a la de Cambiemos. Sin embargo 10 de los 32 diputados que pone en juego son de la provincia, lo que obliga a obtener un muy buen resultado en territorio bonaerense para mantener la composición legislativa. 

El massismo tiene motivos para preocuparse: el interbloque Frente Renovador – UNA pone en juego el 54% de su bancada legislativa y 11 de los 20 que renuevan provienen de la provincia de Buenos Aires. Para la fuerza conducida por Sergio Massa, terminan los mandatos de los legisladores que fueron producto de la muy buena elección del año 2013 en provincia; sin embargo, se encuentra actualmente tercero entre dos fuerzas políticas que intentan llevar la elección a la polarización. Si lo logran, sería el peor escenario para los renovadores. 



En la cámara alta la situación es mucho más clara: el 58% de las bancas en juego pertenecen al Frente para la Victoria, que corre grave riesgo de perder la mayoría legislativa. La elección de senadores se producirá en ocho provincias: Buenos Aires, Jujuy, La Rioja, Misiones, San Juan, San Luis, Formosa y Santa Cruz. 

El FpV renueva 14 de sus 36 bancas obtenidas por la arrasadora victoria de 2011. Necesita salir victorioso en Buenos Aires y en al menos seis provincias más para no perder representación, algo que a primera vista parece extremadamente complicado, dado que solo gobierna en dos de las ocho, en la Rioja y Santa Cruz. 

Cambiemos tiene todo dado para ampliar el número de senadores; sin embargo, no va a poder alcanzar la mayoría propia ni siquiera ganando los ocho distritos en juego. Necesita al menos sumar siete bancas para dejar al oficialismo por sobre un tercio de la cámara y al igual que en Diputados la estrategia será ganar en autonomía y poder de negociación. 

El oficialismo gobierna tanto en Buenos Aires como en Jujuy y puede aspirar a llevarse las cuatro bancas correspondientes a La Rioja y Santa Cruz. Las provincias de Formosa y San Luis parecen por el momento infranqueables para fuerzas políticas no peronistas, la aspiración del Gobierno sería ir por la banca de minoría en ambos distritos. 



Los ocho principales distritos del país en conjunto explican alrededor del 76% del padrón nacional. La provincia de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos, Chaco y Tucumán suman entre ellos 19 millones de electores. 

Tanto Cambiemos, el peronismo, como el Frente Renovador deberán apuntalar sus campañas en dichas provincias si desean mostrar buenos resultados a nivel nacional en octubre. 

Sin dudas, para Cambiemos será de vital importancia consolidar en los próximos meses las mesas provinciales, la prioridad absoluta para el oficialismo será mantener la provincia de Buenos Aires. Con el 37% del padrón electoral, será la madre de todas las batallas y aportará diputados y senadores a la elección. 

En orden de prioridad el oficialismo deberá también mantener la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lo que a pesar de la indefinición de Martin Lousteau a priori no parece revestir peligro para el oficialismo. 

En segundo orden, la alianza Cambiemos deberá repetir una buena performance en la provincia de Córdoba y lograr que el radicalismo muestre buenos números en Santa Fe, sea con José Corral encabezando o con otro candidato. El listado de prioridades electorales se completa con Mendoza, Entre Ríos, Chaco y Tucumán. 

https://www.elpaisdigital.com.ar/contenido/elecciones-2017-qu-se-vota-y-qu-pone-en-juego-cada-espacio/7158


Sistema electoral


¿Cómo se vota?



Voto a los 16


Spots PASO






lunes, 10 de julio de 2017

Mapa interactivo de la Segunda Guerra Mundial

Mapa interactivo de la Segunda Guerra Mundial




Estudio geográfico provincial y de áreas urbanas. Secuencia didáctica Educ.ar

A continuación, dejamos a disposición una secuencia didáctica útil para los profesores de Geografía. También se encuentra disponible en: https://www.educ.ar/recursos/14677/estudio-geografico-provincial-y-de-areas-urbanas


Estudio geográfico provincial y de áreas urbanas

En esta secuencia didáctica los alumnos van a analizar ciertos aspectos de las provincias y las localidades de la Argentina mediante diferentes estrategias (observación de fotografías, lectura de textos, elaboración de mapas en los que se localizan las distintas áreas urbanas, etcétera).

Estudio geográfico provincial y de áreas urbanas

Coordinación: Alejando BenedettiResponsable disciplinar: María Ernestina AlonsoÁrea disciplinar: GeografíaTemática: Geografía provincial y áreas urbanasNivel: Secundario, ciclo básicoSecuencia didáctica elaborada por Educ.ar

Propósitos generales

- Promover el uso de los equipos portátiles en el proceso de enseñanza y aprendizaje.
- Promover el trabajo en red y colaborativo, la discusión y el intercambio entre pares, la realización en conjunto de la propuesta, la autonomía de los alumnos y el rol del docente como orientador y facilitador del trabajo.
- Estimular la búsqueda y selección crítica de información proveniente de diferentes soportes, la evaluación y validación, el procesamiento, la jerarquización, la crítica y la interpretación.

Introducción a las actividades

El estudio de cada provincia y la localidad donde se encuentran los alumnos puede realizarse mediante diferentes estrategias didácticas que incluyen actividades como la observación de fotografías, lectura de textos, la elaboración de mapas en los que se localizan las distintas áreas urbanas, etcétera.
En esta propuesta ofrecemos una alternativa para abordar el estudio de un área específica a través del trabajo con mapas que representan áreas de menor superficie y ofrecen una gran cantidad de información y detalles. A partir de esta información, es posible colaborar con los alumnos para realizar una serie de inferencias que les permitirán relevar muchas de las características que definen a provincia y/o localidad en estudio.
En esta secuencia didáctica los alumnos integrarán conocimientos geográficos con herramientas didácticas interactivas que facilitan el intercambio de información entre grupos y el desarrollo de habilidades aplicadas a nuevas tecnologías, ampliando los recursos para la investigación del objeto de estudio.

Videos recomendados para iniciar la secuencia didáctica

Objetivos de las actividades

Que los alumnos:
- Desarrollen el estudio del espacio geográfico local y provincial desde perspectivas económicas, políticas, sociales y culturales, mediante el uso de herramientas informáticas.
- Trabajen en equipo colaborativamente y utilicen herramientas tecnológicas.

Actividad 1

1. Trabajen con Google Maps. En grupos de tres o cuatro alumnos, accedan a los mapas de Google y creen dos nuevos mapas que irán completando con información variada. Uno de los mapas se llamará localidad y el otro provincia. Recuerden que pueden buscar información en internet, en las páginas oficiales de la localidad o la provincia.
Localidad
a) Delimitar la localidad.
b) Ubicar la localidad en el mapa.
c) Ubicar las calles principales.
d) Identificar lugares simbólicos o elementos culturales relevantes.
e) Marcar elementos (parques, edificios históricos, monumentos, etc.) en el mapa adjuntando información sobre ellos (nombre, fecha de construcción, referencia, foto).
Puede buscarse información en la página oficial de la localidad.
Provincia
a) Indicar la situación geográfica dentro de la República Argentina.
b) Delimitar la provincia con las herramientas del mapa.
c) Identificar la capital provincial.
d) Trazar los límites con otras provincias y establecer los nombres de las provincias vecinas.
e) Marcar la división departamental.
f) Localizar las principales ciudades por densidad poblacional. (INDEC).
Puede buscarse información en la página oficial de la provincia.

    gmap5.jpg
    2. Luego cada grupo compartirá con los demás compañeros su mapa o bien enviando el enlace por mail o colocándolo en la wiki o el blog que se ha elegido para que los alumnos registren el proceso de aprendizaje. También podrán abrir el mapa creado con Google Earth y observar detalles sobre el globo.
    gmap6.jpg

    Actividad 2

    1. Completen los trabajos que se crearon en la actividad 1. Para eso, intercambien los mapas entre grupos. El docente determinará la forma de distribución que considere más adecuada. En esta oportunidad deberán agregar información.
    Localidad
    a) Ubicación de las principales actividades urbanas: económicas (industrias, comercios).
    b) Actividades sociales (educación, recreación, salud).
    c) Actividades políticas (gobierno y administración pública).
    Provincia
    a) Trazar en el mapa la ruta desde la localidad hasta la ciudad capital de la provincia.
    b) Marcar accesos (rutas, caminos, puentes).
    En caso de encontrarse en la capital, elegir otra ciudad de referencia para esta actividad.
    2. Luego de completar el mapa con esta información, ábranlo en Google Earth para visualizarlo sobre el globo y contrastar con otra información existente en relación a estos espacios geográficos.

    Actividad 3

    1. En esta etapa, cada equipo deberá agregar la siguiente información a los mapas elaborados.
    Localidad: Uso de suelo (delimitar sectores comerciales, industriales, residenciales).
    Provincia. Seleccionar imágenes representativas en relación con relieve, clima, hidrografía (abordar la problemática del agua si las hubiera, sequías, inundaciones), establecer la flora y la fauna de la región, indagar en relación a la actividad económica, política y social. Colocar imágenes en el  mapa y datos de interés relacionados.
    2. Pueden incorporar los datos en el mapa de Google o hacerlo por medio de la incorporación de marcas en Google Earth.

    Actividad 4

    1. En esta última etapa, deberán agregar a los mapas la información que se detalla a continuación.
    Localidad. Delimitar barrios, colocar características barriales y de la población que habita en ellos (recursos económicos, acceso a servicios, trasporte, distancias, etc). Estos datos estadísticos están disponibles en los sitios oficiales.
    Provincia. Inmigración. Migración interna. Procedencia. Distribución geográfica. Cultura y tradiciones de las diferentes comunidades.
    2. Cada integrante del grupo deberá marcar la ruta desde su casa hasta la escuela.

    Enlaces de interés y utilidad para el trabajo



    lunes, 26 de junio de 2017

    Cómo Martín Lutero no revolucionó solo la religión, sino que creó la música de protesta. Artículo BBC.

    Cómo Martín Lutero no revolucionó solo la religión, sino que creó la música de protesta 

    Andrea Valentino 
    BBC Culture

    Todo el año 2017 está marcado por homenajes a Martín Lutero, a 500 años de su Reforma Protestante.


    Decenas de nuevos libros sobre su obra han sido publicados y numerosas exposiciones se han inaugurado para recordarlo. Incluso la compañía de juguetes Playmobil lanzó una figurita a su imagen y semejanza. 

    Nada de eso nos debe sorprender. Al ponerse en contra de muchas de las más importantes enseñanzas de la Iglesia Católica y publicar una traducción completa de la Biblia al alemán, Martín Lutero impulsó a Europa hacia el mundo moderno. 


    Sin embargo, aunque su legado político y religioso todavía sigue moldeando al continente, su contribución a la música es menos conocida. 

    De hecho, la música fue crucial para su ideología e influyó a cantantes radicales mucho tiempo después de su muerte.


    La ruptura de un monopolio 


    Antes de 1517, la Iglesia Católica controlaba la mayor parte de la música religiosa en Europa. 

    La participación laica era mínima. En las iglesias, la mayoría de la gente escuchaba cantos llanos, interpretados en latín por un coro. 

    Las obras de teatro que describían historias bíblicas introdujeron la religión al pueblo en sus propios idiomas, pero la música vernácula raramente cruzó la puerta de la iglesia. 




    Lutero rompió esas estrictas divisiones y transformó la vida musical cristiana que, para él, no era solo para sacerdotes y coros distantes, sino que estaba "al lado de la teología" y era "un regalo de Dios". 

    Y, como tal, debería ser accesible a todo el mundo. "Al embellecer y ornamentar sus melodías de forma magnífica, los cantantes pueden conducir a los demás hacia una danza celestial", dijo.

    El canto en latín fue sustituido por el alemán cotidiano y ese estilo se convirtió en una parte clave de la identidad de sus seguidores.

    "Su uso de los himnos alemanes fue una importante señal de cambio", explica Andreas Loewe, decano de la Catedral de San Pablo en Melbourne, Australia, y experto sobre Lutero.

    "Era algo tan obvio como tener sacerdotes casados o poder recibir, siendo laico, una copa de vino en la Santa Comunión".

    Y Lutero no solo promocionaba la música por razones abstractas de fe, sino que entendió su poder para difundir el mensaje.

    Agregó letras religiosas a canciones tradicionales reconocibles, tal como sucedió en el siglo XX con We Shall Overcome ("Venceremos"), un tema de origen góspel, convertido en himno del Movimiento de los derechos civiles en EE.UU. 

    Esa iniciativa fue especialmente útil en una época de ignorancia, pues incluso las personas analfabetas -cerca del 85% de la población alemana en 1500- podían aprenderse canciones y transmitirlas rápidamente. 


    Música como mensaje 


    Lutero se encargó personalmente de impulsar esos cambios, buscando que los niños aprendieran música en los colegios y trabajando con otros reformistas para producir himnarios protestantes. 



    También escribió letras que "imitaban la forma de hablar de la gente", dice Loewe. El reformista declaró que tanto la música como las letras deberían "nacer de la verdadera lengua materna"." 

    Ein Feste Burg ("Castillo fuerte") es típica de su impactante simplicidad: 

    Castillo fuerte es nuestro Dios, 

    defensa y buen escudo. 

    Canciones como esa endurecieron los corazones de Lutero y sus amigos, quienes probablemente la cantaron en la Dieta de Worms (asamblea de príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico), cuando Lutero fue interrogado por Carlos V, entonces emperador del Imperio. 


    ¿Música de protesta? 


    Es algo que tiene sorprendentes paralelos con movimientos de protesta más modernos. 

    Como cuando, ante las reacciones violentas, los manifestantes en contra de la Guerra de Vietnam entonaron Give Peace A Chance ("Dale una oportunidad a la paz"). 

    O en el caso de los activistas en contra del Apartheid que cantaron Soweto Blues después de una masacre racista en Sudáfrica. 


    Pero aunque reconfortante para sus seguidores, los himnos de Lutero también atrajeron nuevos conversos.
    La nueva música se propagaba de ciudad en ciudad antes de que las autoridades católicas pudieran silenciarla.
    Y, como en otros aspectos de la Reforma, la imprenta fue clave.
    "Los himnos de Lutero se vendían como panfletos y eran enseñados a ciudades enteras por cantantes itinerantes", apunta Loewe.
    A veces los himnos trabajaban más rápido que él. En Magdeburgo la entonación colectiva de sus cantos logró convertir a la ciudad antes de la llegada del teólogo.
    Pronto los himnos luteranos salieron de su bastión en Sajonia, pasando a ser cantados en zonas católicas y traducidos al inglés.
    Todo eso tiene mucho en común con la música moderna de protesta.
    Todo eso Al igual que el himno socialista, "La Internacional", se volvió famoso desde Madrid hasta Moscú, los himnos luteranos resonaron por toda Europa en solidaridad con aliados desconocidos.

    Versiones y adaptaciones 


    La música de Lutero siguió siendo popular después de su muerte.

    Y, posteriormente, compositores protestantes también versionaron sus himnos.
    Johann Sebastian Bach extendió Ein Feste Burg hasta convertirlo en una magnífica cantata de 30 minutos, mientras que Felix Mendelssohn lo agregó a su Sinfonía Nº 5, conocida apropiadamente como "de la Reforma".
    Para el escritor del romanticismo alemán, Heinrich Heine, Ein Feste Burg fue nada menos que la "Marsellesa de la Reforma" que "ha mantenido hasta hoy en día su fuerza inspiradora".
    Y como la verdadera Marsellesa, la música de Lutero ha demostrado ser infinitamente flexible.
    Al igual que los monarquistas franceses y los socialistas franceses adoptaron ese himno revolucionario para sus propias causas, himnos como Ein Feste Burgsedesviaron de sus orígenes religiosos.
    Richard Wagner recordó la canción en una pieza que celebraba la victoria prusiana contra Francia en 1871.
    Más tarde los nazis justificaron el terror, haciendo un mal uso de la referencia bíblica de Lutero al "antiguo enemigo malvado".
    Sin embargo, la música luterana nunca perdió su fuerza radical.
    Durante la revolución de 1848, los liberales cantaron una nueva versión de Ein Feste Burg para promocionar la "libertad" y la "verdad".
    En la década de 1880, los socialdemócratas alemanes reescribieron el mismo himno para incluir referencias a los derechos humanos.


    Y un siglo más tarde, los opositores a la construcción de una nueva planta de desechos nucleares utilizaron Ein Feste Burg para atacar a la "policía armada".
    "Al igual que el reformista tomó melodías conmovedoras componiéndoles nuevas palabras, muchos movimientos de protesta usaron sus canciones para promocionar otras ideas diferentes", señala Loewe.
    Sin embargo, si bien Martín Lutero ayudó a impulsar la música de protesta moderna, aun provoca momentos de contemplación privada.
    "No paso un solo día sin escuchar algún coral luterano", señala Martin E. Marty, un erudito religioso.
    Y Andreas Loewe concuerda.
    "Me gusta mucho cantar", dice.
    "Ya sea como parte de nuestros rezos en la Catedral de San Pablo o con amigos, o participando en el Coro de la Orquesta Sinfónica de Melbourne, comparto la creencia de Lutero de que la música es 'un bello e invaluable regalo de Dios'".

    http://www.bbc.com/mundo/vert-cul-40114161

    jueves, 25 de mayo de 2017

    Entrevista al historiador Gabriel Di Meglio. Diario Página12

    Es una entrevista que tiene algunos años pero sirve para comprender en profundidad la Revolución de Mayo

    DIALOGOS › GABRIEL DI MEGLIO, UN HISTORIADOR DE LA PARTICIPACION POPULAR EN LA REVOLUCION DE MAYO

    “Cuando participan, los sectores populares lo hacen con alguna intención”


    French y Beruti fueron los dos grandes agitadores de los revolucionarios. Dorrego y Rosas, los primeros caudillos populares. Di Meglio señala que al caer el rey frente a Napoleón, la soberanía vuelve a los pueblos y así surgieron las Juntas en España y en América.



     –¿Cuándo empieza para usted el proceso revolucionario?

     –La revolución comenzó con la crisis de la monarquía española. La invasión francesa en 1808, que capturó al rey Fernando VII e hizo que se generara en España un movimiento de resistencia, porque Napoleón Bonaparte, el invasor, le quitó la corona al rey y se la dio a su hermano, José Bonaparte. Entonces, la idea que se instaló era que la soberanía vino de Dios a los pueblos que forman la monarquía y esos pueblos se la dieron al rey. Y si no había rey, la soberanía volvía a los pueblos. Los españoles que viven en España empezaron a aliarse contra los franceses. Y las ciudades españolas hicieron Juntas, para conservar la soberanía del rey mientras éste no estuviera, que se agruparon en la Junta Central de Sevilla.

    –¿Y en América qué pasaba en ese momento?

    –En América, la mayor parte del imperio aceptó que esa Junta Central de Sevilla reemplazara al rey, por lo cual, en 1808, prácticamente no cambiaron las cosas. En general, la gente decía: “Queremos que vuelva el rey”. Había un patriotismo hispano muy fuerte. Dos años después, las cosas cambiaron porque el territorio español cayó bajo el dominio francés. Ya no quedaba Junta Central de Sevilla. Era el apogeo de Napoleón, que no parecía algo pasajero, sino catastrófico. En muchas ciudades americanas se hizo lo mismo que en España dos años antes. Y se pensaba: “La soberanía la tiene el rey porque se la dieron los pueblos. Sin rey, la soberanía vuelve a los pueblos”. Cuando llegó la noticia de la caída de España, en algunas ciudades americanas se formaron Juntas: en Caracas en abril de 1810, en Buenos Aires el 25 de mayo, después en Santiago de Chile y en Cartagena y Bogotá, que ahora son Colombia, en parte de México también.

     –¿Cuál era el espíritu de esas Juntas?

    –Al principio, no eran independentistas, sino autonomistas. Buscaban un autogobierno, que no era incompatible con la monarquía. Con la Revolución se dieron varias cosas. Por un lado, no todos aceptaban el principio juntista y comenzó a haber una guerra –en un comienzo modesta aunque cada vez más compleja– entre los partidarios de las Juntas nuevas y los que seguían siendo leales al Consejo de Regencia español. Si bien el factor que provocó la revolución era el mismo para todos, de acuerdo con las situaciones locales previas, los derroteros posteriores de cada movimiento revolucionario fueron diferentes. En América había muchas tensiones raciales y sociales, que se activaron cuando se produjo la revolución. La americana era una sociedad con muchos conflictos, había tensión entre los indígenas, los dominadores y los esclavos.

     –¿Por qué algunos investigadores dicen que no fue efectivamente una revolución lo que se produjo en 1810?

    –Antiguamente, los sectores más liberales, e incluso los nacionalistas, pensaban que la revolución fue un intento de los criollos de liberar e independizar a la Argentina, que estaba oprimida por España. Lo cual habla de una conciencia de los criollos de lo nacional, que es la idea de Mitre y que, desde 1870 en adelante, fue retomada hasta el hartazgo por distintos historiadores y volcada en la enseñanza pública: la idea de que los argentinos nos emancipamos. Hoy, las investigaciones demostraron que no existía una conciencia nacional, todos se consideraban americanos. Las identidades nacionales se crearon luego de 1810, en buena medida durante la guerra de la Independencia, con nuevos agrupamientos y con lo que luego fueron las naciones hispanoamericanas. Desde la izquierda, que nunca fue muy influyente en la Argentina, algunos discutieron si fue una revolución burguesa y otros directamente negaron cualquier hecho revolucionario. Yo creo que fue una revolución porque hubo una transformación muy fuerte. Si uno se ubica en 1810 y luego en 1820, que es cuando termina la guerra de Independencia, se ven algunos cambios muy fuertes.

     –¿Como cuáles?

    –Cambiaron las razones por las cuales se manda y se obedece. Ya no se es súbdito de un rey, el pueblo manda a través de sus representantes.

     –Además porque diez años era un lapso muy corto para aquel momento.

    –Fue muy rápido y no había demasiados antecedentes; el más cercano era el de Estados Unidos, que se había hecho república unos años antes. América era vista como una regeneración de Europa, como la tierra de la libertad. Mientras que Europa aparecía como algo atrasado. El otro cambio fundamental fue económico. Toda la economía consistía en alimentar ese centro minero del Alto Perú, sobre todo Potosí, y exportar plata. En Buenos Aires, el 80 por ciento de la exportación en la época colonial era plata. Con la guerra, Potosí quedó del lado realista y la economía se transformó notablemente. Se pasó a la exportación de bienes primarios, lo que después fue agrícola-ganadero, que en ese momento era sólo ganadero. Eso supuso un cambio grande en la cúspide social, si los grandes comerciantes habían sido la clase dominante en el período colonial, a partir de allí se abría la puerta para que lo fueran los terratenientes, que en el período colonial eran un sector intermedio. El otro punto revolucionario es el final de las desigualdades sociales y raciales legales, salvo la esclavitud.

     –¿Sólo en términos legales?

    –Las diferencias sociales y raciales siguen hasta la actualidad, pero entonces dejaron de ser legales. A partir de la revolución, todos somos iguales ante la ley. Así como en España, la sangre de los judíos o los moros “no era limpia”, en América, el que no tenía sólo sangre española o india tampoco era puro. Los indios también eran considerados puros, inferiores pero puros. Las mezclas eran castas y éstas eran legalmente inferiores: no podían usar armas ni hacer apuestas de ningún tipo. La revolución rompió con eso, no de hecho, pero sí de derecho. La libertad de vientre hizo que la esclavitud empezara a caer como institución. Aunque se terminó recién con la Constitución nacional de 1853. El otro punto que para mí la hace una revolución es que fue vivida por todas las clases sociales de ese momento como un antes y un después, ellos decían que fue una revolución. Y en la historia lo determinante es la experiencia humana.

     –¿A qué se refiere usted cuando habla de “bajo pueblo”?

     –Esa sociedad que hizo la revolución estaba fuertemente dividida. Una división muy grosera y amplia era entre gente decente, que tenía respetabilidad y dinero, y la plebe o el bajo pueblo, que no eran respetados por su color de piel. Ser blanco era ser considerado blanco por los demás, no hacía falta serlo realmente, porque no había forma de medirlo. De hecho, Rivadavia era bastante moreno. En distintos lugares de América, había gente que nacía de color y moría blanca: cambiaba de lugar, conseguía dinero y compraba su blanquitud.

    ¿Cómo estaba conformado el bajo pueblo?

    –Era un sector muy amplio de gente que tenía las ocupaciones más pobres: jornaleros, peones, lavanderas, planchadoras, los que trabajaban en el matadero, los que bajaban de buscar agua y los que, en los actos escolares, aparecen vendiendo mazamorra. Además de ser el piso social, tenían muchas diferencias entre sí, era un conglomerado muy heterogéneo que los de arriba aglutinaban en la plebe.

     –¿Cómo surge ese nombre?

    –Es un término que existía en la época para diferenciar. Pueblo era una palabra polisémica. Quería decir ciudad y también se refería a los que viven en esa ciudad. A veces incluía a los vecinos, que tenían cierta respetabilidad social, y otras incluía a todos. Todas esas acepciones estaban en el diccionario de esa época. Encontré un caso de gente gritando “Viva el bajo pueblo”. Fue la única vez que encontré a alguien autoproclamándose con una identidad popular. Es muy difícil encontrar que ellos mismos se llamen de alguna manera.

     –¿En qué circunstancias se dio eso?

    –En unas elecciones, después de la revolución, entre federales y unitarios. En ese momento gobernaba Dorrego. Sus enemigos le decían el tribuno de la plebe y sus seguidores, el padre de los pobres. Dorrego había aprendido a hacerse un capital político popular, escuchaba los reclamos populares y, cuando fue diputado, los llevó a la Legislatura. Los federales eran vistos como populares y los unitarios como aristócratas. En esas elecciones, los seguidores de Dorrego gritaban: “Viva el bajo pueblo, mueran los de casaca y levita”, que eran las prendas de la elite. En Buenos Aires, era muy barato comer en esa época, pero era muy caro vestirse. De allí la idea del descamisado, el que no tiene camisa, porque se le rompió o porque la fue arreglando y quedó hecha jirones.

     –¿Qué rol tuvo el bajo pueblo en la revolución?

    –Cuando se estudia estos períodos se sigue poniendo el énfasis en los grandes personajes, San Martín, Moreno, Saavedra, Belgrano, que sin dudas fueron los líderes del proceso. Pero si sólo se los sigue a ellos, uno se queda con una mirada sesgada de la historia. En la revolución rioplatense, si no se estudia la participación del bajo pueblo no se entiende la revolución, porque participaron activamente. Tal vez de manera subordinada, pero no por eso menos importante.

     –¿Hay algún antecedente de la participación de esos sectores?

    –Sí. Con las invasiones inglesas se habían formado milicias voluntarias en las cuales ingresó mucha gente del bajo pueblo. Consiguieron un trabajo, que fue convertirse en milicianos, no en militares. Era gente que defendía la ciudad y tenía una paga por eso. Allí comenzó a activarse la participación en la cosa pública, aunque no necesariamente política. Cuando llegó la revolución a Buenos Aires había una experiencia previa, que facilitó que estos sectores se politizaran rápidamente.

     –¿Qué rasgos tiene ese proceso de politización?

    –Era una época muy compleja. No había dos grupos que se fueron reproduciendo, sino que fueron surgiendo nuevos. A veces se simplifica diciendo que el origen de los problemas argentinos estaba dado por la división entre el grupo de Moreno, que seguía un cambio más radical y transformador, y el grupo de Saavedra, que era revolucionario pero quería básicamente un cambio de gobierno. Esa división duró dos años, después hubo otros grupos que entraron en acción. Esa división tenía un gran problema.

     –¿Cómo se dirimió ese problema?

     –No había reglas claras de competencia. En una revolución no hay elecciones. Sobre todo, no había lo de antes: si un grupo tenía un problema con otro acudían a España, que era la metrópolis imperial y dirimía qué grupo tenía razón. Como no había más imperio, no había manera de decidir quién ganaba. Esa ruptura hizo que se empezara a buscar capital político hacia abajo, para definir un conflicto. Y eso era básicamente movilización. La calle. Eso les dio entrada abierta a los sectores populares para participar en la política de manera decisiva.

    –¿Es posible ubicar algún momento que diera comienzo a esa participación?

    –El más famoso fue el 5 de abril de 1811, cuando el sector saavedrista logró movilizar a los que llamaba “los hombres de poncho y chiripá”, que vivían en los suburbios de Buenos Aires, para echar a los morenistas. Fueron a la Plaza de la Victoria –hoy Plaza de Mayo– y pidieron “que se vayan”. En realidad no fueron sólo a eso. Los sectores populares, cuando participan, tienen una intención, no van como ovejas porque alguien los llamó. En el petitorio, echar a los morenistas aparecía recién en quinto lugar. El punto número uno dice: “Queremos que se eche a todos los españoles de la ciudad”.

     –¿Por qué estaban contra los españoles?

    –El bajo pueblo era antiespañol, a diferencia de la clase alta que estaba muy ligada a los españoles, porque eran familiares y por otras conexiones muy concretas. En cambio, en el sector popular había mucho resentimiento con los españoles, porque siempre habían tenido ventajas de todo tipo: comerciales, laborales, matrimonial. Ese resentimiento se politizó con la revolución.

     –¿Es posible establecer momentos en los que esta participación popular haya sido más alta?

    –1811 y 1812 son años muy fuertes. Con la guerra había mucha efervescencia. Por ejemplo, en diciembre de 1811 hubo un motín de los Patricios, que pedían que se los tratara como milicianos y no como soldados, es decir que les mantuvieran sus derechos como gente de la ciudad. Los mataron, pero fue un levantamiento protagonizado por gente popular, no intervinieron miembros de la elite.

     –Es decir que se definió con las armas.

    –Sí. En 1819 hubo algunos levantamientos de la milicia negra, integrada por negros y pardos, pidiendo lo mismo: “Que nos traten como ciudadanos y no nos manden a pelear afuera, porque nosotros somos de la ciudad”. En ese caso no se definió de manera armada. Hubo una negociación y los desarmaron, pero ellos se levantaron con las armas en la mano. En 1812, hubo varios momentos de convulsión. A Rivadavia, que era secretario del Triunvirato, lo persiguieron en la calle y lo zarandearon pidiéndole que tuviera mano dura contra los enemigos de la revolución. Ese fue el momento de mayor efervescencia colectiva. En los cambios de gobierno de 1815, 1819 y 1820 hubo mucha participación popular. Eso impidió que la elite lograra consensuar un orden, porque había una activación previa. Rosas fue quien entendió esto mejor que nadie.

     –¿Por qué?

    –En 1829 le dijo a un enviado diplomático uruguayo que él era un hombre de orden, pero que se había dado cuenta de que no se podía gobernar en el Río de la Plata sin tener una ascendencia popular. Por eso se convirtió en un tribuno, una persona que se relacionaba mucho con los sectores más bajos. De hecho, fue el único que logró controlar esa movilización.

     –Entre 1810 y 1820, usted menciona varias fechas pero no hace referencia a 1816, ¿cómo se inserta ese año en el proceso revolucionario?

    –1816 no es un momento de mucha importancia en Buenos Aires, aunque sí para el conjunto, porque se declaró la Independencia. Entre 1810 y 1815 se dio el momento más radical de la revolución. Dicho en términos muy simplificados, en 1811 hubo un intento de moderar las cosas cuando triunfaron los saavedristas. Pero en 1812, los seguidores de Moreno, que ya había muerto, dirigidos por Bernardo de Monteagudo –el más radical de los revolucionarios locales—, formaron la Sociedad Patriótica, un grupo que quería muchos cambios. Se juntaron con un grupo de oficiales que venía de pelear contra Napoleón en España, entre los que estaban San Martín y Alvear, y crearon la Logia Lautaro.

     –¿Cuáles eran los rasgos centrales de la Logia Lautaro?

     –Era un club secreto, de tipo masónico. No se sabía qué discutían porque no dejaban constancia. Formaron un movimiento que pedía que cayera el gobierno, que de hecho cayó, y se creó al Segundo Triunvirato. Entre octubre de 1812, que subió el Segundo Triunvirato, hasta abril de 1815, fue el período en el que la Logia Lautaro dirigió la revolución. Ese grupo, que tomaba las medidas más radicales hasta ese momento, no promovió ningún tipo de movilización popular. Como ellos conocían la experiencia francesa y querían evitar la agitación popular, decían que hacían “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Moreno también tenía la idea de que una minoría tenía que gobernar, porque sabía lo que les convenía a los demás. Era una idea de vanguardia revolucionaria. Esa elite, que dirigió la revolución durante los años ’12, ’13 y ’14, tomó las medidas más radicales. La Asamblea del año ‘13 decidió que no hubiera más títulos de nobleza, ni más Inquisición ni más tortura legal y que hubiera libertad de vientre. Todo el mundo esperaba que declarara la Independencia y se redactara una Constitución. Pero lo que sucedió ese año no puede tomarse en forma aislada.

    –¿En qué sentido?

    –Ese año sucedió algo que parecía increíble: Napoleón empezó a perder. Y los revolucionarios locales propusieron pelear y ver qué pasa. Además, en 1814, el rey Fernando VII volvió al trono. Pero el rey no negociaba nada, quería obediencia total. Los contrarrevolucionarios empezaron a ganar en toda América. El único territorio que quedaba libre en 1815 era el Río de la Plata. Era una revolución dividida en dos y aislada. En Europa era el momento de la restauración. Se restituyeron las monarquías absolutas. Fue por un breve tiempo, pero nadie sabía qué iba a suceder. Aquí hubo muertos, exiliados, confiscación de bienes. El sector que dirigía la revolución cayó por el descontento que se vivía en todos lados. Había una crisis general y se reorganizaron con un Congreso en Tucumán.

     –¿Por qué en Tucumán?

    –Para limar algunas asperezas. El grupo que dirigió ese Congreso era más conservador del que había dirigido la revolución, pero no le quedó otro remedio que declarar la Independencia. Aunque, al día siguiente, sacó un comunicado que decía: “Fin de la revolución, principio del orden”.

     –¿Qué rol jugó el bajo pueblo en la guerra de la Independencia?

    –El bajo pueblo sufrió mucho con la guerra de Independencia. Al principio hubo mucho entusiasmo con la revolución, pero, con el correr del tiempo, la guerra se complejizó. Los integrantes de la Logia Lautaro, militares profesionales, sabían que la guerra requería una movilización masiva. E hicieron un reclutamiento forzoso –a la gente la agarraban en la calle para pelear– y eso los debilitó. Eran campañas larguísimas. Ir a pelear al Alto Perú significaba ir caminando de acá hasta Bolivia. Hubo un regimiento de negros que luchó en Lima; se fueron en 1815 y volvieron en 1825. Y las mujeres quedaban a cargo de los hogares, del trabajo, se les morían sus maridos, sus hijos.

     ––¿Hay algún personaje de esa movilización popular que se haya institucionalizado?

    –Hay un par. El sargento Cabral, que murió en la batalla de San Lorenzo, era negro mestizo y correntino. Falucho, que tiene un monumento en Buenos Aires, era un negro que no quiso entregar la bandera. Pero es difícil reconstruir la historia de esa gente, porque no dejó testimonio escrito. Lo que hay es gente que construyó su historia política en interacción con sectores populares.

     –¿Como quiénes?

    –French y Beruti eran agitadores. Cuando firman el petitorio pidiendo que hubiera una Junta, cada uno firma “por mí y por 600 más”. Dorrego fue el primer gran político popular de Buenos Aires y, más tarde, Rosas.

     –¿Por qué se marca el año ’20 como el fin de la revolución?

    –En 1820 terminó la guerra y cayó el poder central, que había tenido sede en Buenos Aires. Quedaron provincias sin conexión legal. Usamos esa fecha porque comenzó el proceso de constitución de un país. Y porque muchas cosas que se discutieron durante la revolución –si independencia sí o no, si monarquía o república–, en 1820 estaban definidas. En el ’20 se discutía si el país sería unitario o federal, no republicano. Ya era una república. Y los cambios que se dieron se tornaron irreversibles.

     –¿Qué situaciones, en términos políticos y económicos, ya eran irreversibles?

    –La actividad económica pasó a ser la tierra, sobre todo, la explotación ganadera en el Litoral y el interior hacía lo que podía. Había libre cambio con Inglaterra y con cualquiera que quisiera comerciar. El comercio pasó a manos de los ingleses, a partir de entonces. Los terratenientes eran el nuevo grupo peligroso de la provincia de Buenos Aires. Y las elites, de a poco, fueron reconstruyendo el orden.

    https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-146245-2010-05-24.html